Por: Carolina Ortega
Fotografía tomada de Internet.
Tiempo atrás, el aborto sólo estaba permitido si la madre gestante corría peligro de muerte. Ahora parece que ésta práctica estuviera de moda, es fácil juzgar a las mujeres, sin saber los motivos por los que recurren al aborto, pero independiente de los que sean, nunca dejará de ser un acto de barbarie negar el derecho a la vida a un ser inocente.
En 1863 se creó la primera ley que sancionaba las prácticas de aborto, teniendo en cuenta que iba en contra de los principios morales y religiosos de la humanidad. Actualmente en el artículo tres de los Derechos Humanos se estipula lo siguiente:” todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”, entonces cómo es posible que los gobiernos ahora formen leyes a favor del aborto si desde que el espermatozoide entra al ovulo ya se ha formado una vida.
En el articulo 11 de la Constitución Política de Colombia, se manifiesta “el derecho a la vida es inviolable, no habrá pena de muerte.” Y el artículo 44 hace referencia a que los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás. El Estado actúa en contra de aquellas instituciones que practican el aborto de manera ilegal, de igual manera el sistema de salud vela porque la educación sexual entre jóvenes y adultos sea más efectiva.
Con eso no es suficiente; la falta de recursos económicos es un gran problema, no es un secreto que en nuestro país predomina la pobreza en la mayoría de la población, lo que hace que el desarrollo económico, educativo y social no se dé de la mejor manera. En la búsqueda de supervivencia, otra vida es un problema, pues se requieren obligaciones en salud, vivienda, cuidados… que a duras penas se consiguen para el bien propio.
Aunque el pensamiento individual del ser humano debe ser respetado, el Estado debe velar por la preservación de la existencia, no se debe estar de acuerdo con negarle la oportunidad a un niño de nacer, crecer, desarrollarse y morir como es la ley de la vida, aunque haya sido concebido sin amor, aunque nazca con problemas de salud y demás motivos que se hacen válidos para que un bebé no llegue al mundo.
Para un país con arraigadas costumbres religiosas nunca será bien visto provocar la muerte a un inocente, tanto los padres como los médicos “profesionales” que recurren a estas prácticas delictivas, deben ser juzgados penalmente, pues nadie es dueño de la vida de otra persona, no tienen por qué arrebatarle las oportunidades de vivir a un ser inocente.
Existen diversas soluciones para no realizar el aborto. Una de ellas, y tal vez la más conveniente es dar el bebé en adopción. En la declaración de los Derechos de los Niños, consagrada en la Constitución Política de Colombia se aclara que “[…] la sociedad y las autoridades públicas tendrán la obligación de cuidar especialmente a los niños sin familia o que carezcan de medios adecuados de subsistencia”. Con eso se garantiza que la vida de dichas personas no correrá ningún riesgo y podrán gozar de un desarrollo social, personal, mental, moral y espiritual, de una forma saludable, y contará con el amor y comprensión que quieran brindarle personas ajenas a la familia que le hizo falta. ¿No es esa una mejor decisión?

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