sábado, 5 de julio de 2025

Las memorias que deja la violencia


María del Socorro Muñoz hace parte de las estadísticas de las miles de víctimas que por años ha dejado el conflicto armado en Colombia. Nos cuenta un poco de su proceso y nos invita a ver más allá de nuestra realidad, esa que nos cuesta tanto aceptar. 


En el marco de la Indemnización a las Víctimas del conflicto armado de nuestro país, entre de Abril y junio se llevó a cabo en el Teatro Juan de Dios Aranzazu de La Ceja, la entrega de las cartas enviadas desde el Gobierno Nacional, por medio del Programa de Unidad para Reparación de Víctimas. Fueron 130 personas provenientes de los municipios de La Unión, Abejorral, El Retiro y La Ceja, quienes recibieron un incentivo económico, que simbólicamente podría ser utilizado para contribuir en el mejoramiento de su calidad de vida.

María del Socorro Muñoz Palacio, desplazada del municipio de San Carlos, contó su historia de vida marcada por el dolor, la angustia y la incertidumbre. Tiene en sus recuerdos el 2009, año en el que tuvo que salir con los familiares que le quedaban,  bajo la amenaza de que los grupos armados les pidieron desaparecer del pueblo dejando su hogar, sus animales, tierras, empleos y sobre todo a sus allegados que no pudieron salvarse, pues por maldad los asesinaron o los dejaron heridos.

Con lágrimas en sus ojos, comentó que a su suegro lo asesinaron sin piedad y a sus cuñados los desaparecieron sin tener noticias de su paradero hasta ahora. Las pérdidas humanas se fueron dando de a poco y aún no se sabe a manos de quién se efectuaron, pero ella tiene claro que eran tres grupos subversivos que aparecían de la nada, para disputarse el liderazgo en la vereda Dosquebradas que quedó vacía a causa del conflicto armado.

La vida les cambió totalmente: les dijeron “viven o mueren” y pusieron un ultimátum de 12 horas para escapar, o se atenían a las consecuencias. Ese tiempo solo les alcanzó para empacar en bolsos unas cuantas prendas de vestir y su documento de identidad, con lo que migrarían a Medellín para empezar de nuevo. Estando en la ciudad, con el vacío de sentirse desamparados, tuvieron la suerte de encontrar personas de buen corazón que los acogían mientras trataban de solucionar su situación.

Luchar fue la única manera de seguir adelante. A pesar del dolor, la desesperanza, lo complicado de su proceso y el tiempo que transcurría sin ilusión alguna, recibieron ayuda para trasladarse a La Ceja, donde han podido encontrar un poco de tranquilidad. De 16 años que llevan como víctimas de desplazamiento forzado, 10 han estado  en la localidad, donde  se sintieron acogidos y queridos desde la primera vez que pusieron sus pies en este terruño.

Aunque ahora están un poco mejor, María hizo referencia a que: “La paz no tiene precio, para nosotros fue desastroso. Se nos quedó todo, el corazón quedó vacío, muchas pérdidas, la tristeza del alma no se borra, no se olvida. Uno vive con la esperanza de volver a ver a la familia en algún momento, los que quedaron o que se llevaron, pero no están por ningún lado”. Manifiesta que ellos aún los sufren, los lloran, los recuerdan, que hacen oraciones y misas por ellos, ya siendo más conscientes de que  deben estar muertos.

En La Ceja han sentido buena acogida, cariño y aprecio “hablamos, nos desahogamos y nos ayuda porque es como una chispa que lo motiva a uno para sobrevivir y seguir adelante. No desfallecemos, pero vamos sobreviviendo y pasando el dolor, siguiendo la lucha con este desastre que no se le desea a nadie”. Aquí, actualmente vive con su esposo, dos hijos y tres nietos que han buscado la manera de continuar con su existencia, conservando los recuerdos, pero tratando de “resignarse” a lo que les tocó vivir.

Motiva a  sus compañeros que han sido golpeados por la violencia en nuestro país y manifiesta: “cuando alguien en la misma situación de nosotros se les acerque, escúchenlo; no estamos a la espera solo de cosas materiales, necesitamos moral, una voz de aliento y ánimo, pues al ser escuchados nos llega paz y tranquilidad a nuestros corazones. Necesitamos ser comprendidos y ojalá nunca nadie pasara por esta situación tan difícil que nos ha tocado”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario