“Individualmente somos una
gota. Juntos, somos un océano”. Rynosuke Satoro
Por: Yulieth Carolina Ortega
Ríos
La naturaleza
es tan perfecta, que todos los elementos que la componen son indispensables
para que la Tierra tenga un normal funcionamiento; el agua, ese maravilloso
liquido proveniente de una exacta combinación de hidrógeno y oxígeno, es sin
duda una fuente incalculable de vida que históricamente nos ha beneficiado, pero
que lamentablemente los seres humanos no hemos sabido apreciar.
Te has
imaginado ¿Cómo sería nuestra vida sin agua? La respuesta es simple: no
existiríamos. Podríamos hacer una analogía similar a que los bosques son los
pulmones de la Tierra, conque los océanos serían el corazón del planeta y que,
por medio de los ríos, que vienen siendo las venas y arterias, se bombea por
todos los rincones el líquido vital que permite la durabilidad de las especies.
Comprendiendo
el concepto de que el mundo está compuesto en un 70% de agua, es bueno pensar ¿Este
elemento se puede acabar? Según los cálculos, los océanos tienen una
profundidad promedio de 4.2 km y una extensión total en el globo terraqueo de 361
millones de kilómetros cuadrados, una cifra exorbitante que da pie a interpretar
que este líquido no tiene fin.
Pero debemos
tener en cuenta lo siguiente: de ese 70% de agua existente, sólo el 2.5%
proveniente de ríos, lagos y represas, es apta para el consumo humano y el 97% presente
en mares y océanos, es salada y mantiene vivos los ecosistemas marinos. Evidentemente
no todos los habitantes de la Tierra tienen acceso al mínimo vital de este
elemento que es indispensable en nuestro diario vivir.
De hecho,
en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que ha planteado la ONU para el 2030,
el punto 6 denominado Agua Limpia y Saneamiento pretende “lograr un acceso universal
y equitativo al agua potable y a servicios de higiene y saneamiento adecuados,
así como mejorar la calidad del agua a nivel global”. Cabe resaltar que existen
alrededor de 2.200 millones de personas sin acceso a este servicio.
Mientras tanto, países con bajos recursos hídricos han optado por desalinizar el agua para su posterior consumo; es una buena opción para mitigar el problema, pero lamentablemente los países que no tienen suficiente capital económico para invertir en maquinaria seguirán en desventaja frente a territorios que gozan de tener riqueza acuífera representada en ríos y mares.
La riqueza de Panamá
Este
bello país es rico en cuerpos de agua: su extensión marítima limita al norte con
el Mar Caribe y al sur, con el Océano Pacífico. La suma de ambas zonas
acuíferas equivale a 2,988.3 kilómetros de costas según los cálculos del
Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) y en su extensión geográfica
se encuentran 51 cuencas hidrográficas y 500 ríos de abundante caudal y mediana
dimensión.
En el lenguaje
Cueva, originario de las tribus indígenas asentadas en Santa María del Darién (Actual
República de Panamá) la palabra Panamá significa “abundancia de peces” lo que representa
a través del tiempo la riqueza de este territorio que basa su economía en
actividades pesqueras, turísticas y de transporte, gracias al fácil acceso del
Mar Caribe y el Océano Pacífico.
Según la Autoridad de los Recursos Acuáticos
de Panamá (Arap) el país “tiene registrado
alrededor de 629 especies de peces marinos para el Caribe y 678 especies para
el Pacífico y por lo menos, 65 especies, se han registrado para ambos mares”; 140
de estas variedades son de suma importancia comercial, pues la pesca es una de
las industrias más importantes a nivel económico.
Así mismo, la flora marina
tiene un gran protagonismo en el territorio y podemos tomar como ejemplo los
manglares, que representan aproximadamente el 5,2% del área de cobertura boscosa
nacional y el 2,3% de la superficie total del país. Con un promedio de 174.435 hectáreas,
este ecosistema logra que el 80% de las especies marinas dependan de
él. Además, como dato curioso, Panamá es el país con mayor cantidad de especies
de manglar en el continente americano.
Ahora que tenemos referencia
de la extensa riqueza de las aguas panameñas, podemos darnos a la tarea de
pensar ¿Qué acciones tomamos para conservar este patrimonio natural? No es un
secreto que en la actualidad hemos evidenciado grandes cambios con respecto a las
condiciones climatológicas a nivel mundial y es algo preocupante, pues afecta
directamente a todos los seres vivientes.
La evidencia científica
demuestra que la crisis climática es una realidad que debemos enfrentar lo más pronto
posible; el planeta ha entrado en una grave enfermedad llamada calentamiento
global, derivada de las acciones humanas que constantemente pone en peligro a
nuestra casa común: los gases de efecto invernadero, mala disposición de los residuos,
explotación minera, entre otros.
Podemos enfocarnos directamente en el plástico, un material que fue inventado a inicios del siglo XX con el fin de facilitar la vida del ser humano y solventar los daños ambientales de la época, pero que un siglo después, se ha convertido en una problemática generalizada por su mal uso. Tan destructivo es este elemento, que ahora lo encontramos hasta en el aire que respiramos.
Según datos de Greenpeace arrojan que “el 9 % de todo el plástico producido hasta la actualidad a nivel mundial se ha reciclado, el 12% se ha incinerado, y la gran mayoría, el 79%, ha terminado en vertederos o en el medio ambiente”. Además, los humanos consumimos más de 100,000 micropartículas de plástico al año, que equivalen a 250 gramos por persona, cifra expuesta por la World Wildlife Found.
Retomando la situación nacional,
según la fundación Mar Viva, en Panamá la producción diaria de desechos es de 1,03 kilogramos por
persona, de los cuales un 12% corresponde a plásticos, lo que equivale a
191.580 toneladas anuales de este tipo de desechos generados por la población
total de la nación. ¿Y qué sabemos sobre la gestión de estos residuos?
La Fundación Mar Viva sostiene que: “En 2020,
77.285 toneladas de plástico no se gestionaron correctamente a nivel nacional,
de las cuales un 87% (67.672 toneladas) presentó problemas de gestión en las
zonas costeras”. Una situación preocupante, pues si damos una mirada global, se
estima que entre el 60% y 80% de la basura marina se compone de desechos
plásticos.
En conversaciones con el Doctor en Educación
Martín Testa Garibaldo, quien actualmente se desempeña como Jefe del
Departamento de Educación Ambiental de MiAmbiente, hace referencia a la
necesidad de articulación entre las entidades gubernamentales como los Ministerios
de Ambiente y Educación, Revisalud, Autoridad de Aseo y demás, para crear estrategias
efectivas en cuanto a la recolección de residuos.
También, el Doctor Testa agrega que: “debemos
hacer educación y sensibilización, además de hacer cumplir la normativa por
medio de sanciones para no generar un desbalance. Necesitamos que las
autoridades cumplan su papel, porque la cantidad de desechos represados en los
llamados “pataconcitos” es imperdonable para un país que está tratando de
desarrollarse y buscar una base económica en el turismo”.
Lo más grave de la situación es que “afecta
tanto la salud nuestra como la salud de los ecosistemas marinos; toda la
cantidad de plásticos es consumida por la fauna marina y eso es lo que nosotros
comemos: micro plásticos y mercurio. Necesitamos campañas educativas de manera
permanente en medios de comunicación, comunidades, centros educativos y religiosos.
Es un problema de todos y hay que buscar la solución entre todos”.
En la Ley 38 de 2014 “se establece la enseñanza
obligatoria de la Educación Ambiental y la Gestión Integral de Riesgo de
Desastres en el sistema educativo en el primer, segundo y tercer nivel de
enseñanza, oficiales y particulares, con eje transversal y una estrategia para
la conservación, el desarrollo sostenible de los recursos naturales, la protección
del ambiente y la prevención ante eventos adversos, mediante métodos
alternativos de comunicación, educación, capacitación e investigación”.
Los ecosistemas marinos han soportado grandes daños a causa de la contaminación. Un promedio de 13 millones de toneladas de plástico llegan anualmente a los océanos, fortaleciendo las islas de basura que se han estudiado desde el primer avistamiento en los años 80, y sobre todo, perjudicando a las especies que quedan atrapadas en los residuos o que digieren el material tóxico confundiéndolo con alimento.
Posterior a eso, las fuentes alimenticias del mar son consumidas por los humanos y por ende nos intoxicamos, generando un gran impacto en la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, el plástico nos hace más vulnerables a contraer enfermedades renales, gastrointestinales, reproductivas, neurológicas, cáncer y otras, empeorando nuestra calidad de vida y minimizando nuestra existencia.
Acciones que inspiran
Si bien es cierto que se viene trabajando arduamente
para mitigar los daños ocasionados al medio ambiente, debemos ser conscientes
de que hay mucho por hacer. En el territorio nacional existen organizaciones
ambientales que, por medio de actividades lúdicas y recreativas comparten sus
conocimientos con la comunidad y los invitan a ser parte activa del cambio que
se requiere.
Un ejemplo de ello es el Movimiento Mi Mar,
entidad que centra sus objetivos en la educación ambiental, por medio de su
actividad principal: la limpieza de playas. Todo surgió en el 2018, cuando su
fundadora Serena Vamvas gozaba de un espacio de esparcimiento; impactada por la
contaminación del plástico y residuos generados, se motivó y organizó un
pequeño grupo para la recolección de los mismos.
Desde ese momento, han trabajado sin descanso
en pro del medio ambiente. Aubrey Baxter, coordinador de operaciones, indica
que hay un aproximado de 400 voluntarios rotativos que se vinculan a las
actividades programadas, haciendo presencia en diferentes provincias y llevando
un mensaje de participación ciudadana para el cuidado de costas, manglares y
demás ecosistemas marinos.
Baxter argumenta que “en las actividades de
limpieza, el material que más se encuentra es el plástico en todas sus formas:
botellas, bolsas, foam, y objetos del hogar, además de electrodomésticos, telas
y residuos naturales que retienen estos desechos”. En las jornadas de
recolección ellos se enfocan en un material, es decir, que tratan de dar prioridad
a lo que se le puede dar un segundo uso.
Es común encontrar miembros de la fundación
en el malecón de Costa del Este, pues es el punto de encuentro principal, por ser
considerado el lugar con mayor contaminación de la ciudad, al teniendo cerca las
desembocaduras de los Ríos Juan Díaz y Matías Hernández, que arrastran los residuos
que se concentran en los manglares en
cantidades exorbitantes, pero que lamentablemente es mayor la cantidad que se
dispersa en el océano.
Según las cifras registradas por Movimiento Mi Mar, en cada jornada de recolección se extrae de la zona de manglar un aproximado de 1 a 1.8 toneladas de residuos representados en plásticos, ropa y foam. El peso varía según el material que se decide recolectar en cada actividad.
El señor Aubrey considera que “falta hacer
mucho en Panamá, porque realmente hay cosas que no se ven, por la idea de que
todo es muy bonito y por consiguiente se cree que todo está bien, pero la
realidad es otra”. Se debe motivar por medio de la conexión, llevar un mensaje
y traerlo a la realidad, con el fin de formar agentes de cambio que trabajen
por un futuro mejor y más sostenible.
Además, concluye conque: “siempre aprendemos
y empoderamos a las personas que ayudan a la limpieza. Cada uno puede hacer mucho,
aunque se vea poco, pero cuando se ve el avance de lo que se hace, ahí surge la
motivación que lleva a las personas a hacer más y que se involucren en otros
proyectos, se multiplica lo bueno y se transmiten mensajes positivos”.
Tener la experiencia de participar en limpieza de playas tiene mucho significado, pues en el momento que entramos en contacto visual con el panorama de los desechos dispersos en litorales y manglares, genera un sentimiento de tristeza y conciencia de que vamos por mal camino. Instintivamente cambiamos la perspectiva, pensando antes si nuestros actos perjudican la naturaleza y cómo podemos actuar mejor.
De otro lado encontramos la Fundación
Botellas de Amor que, por medio de jornadas de sensibilización, han logrado recolectar
alrededor de 60 toneladas de botellas plásticas, que han sido reutilizadas para
introducir en ellas material de un solo uso como cartuchos, cubiertos
desechables, carrizos, envases de comida y otros.
Es una muestra de reciclaje efectivo, que
ayuda a mitigar parte de la problemática de los desechos en las costas y
océanos. Esta fundación originaria de Colombia, llegó hace tres años a Panamá y
ha generado un impacto totalmente positivo en la población, pues actualmente
cuenta con 45 centros de acopio a lo largo y ancho del país, generando
educación ambiental y adicional a eso, favoreciendo a personas y comunidades
con la construcción de un material sólido utilizado para construir mobiliarios
urbanos, casas, y parques recreativos.
La actividad lúdica va dirigida al público en
general y gracias a la facilidad que tiene la creación de las botellas de amor,
familias, escuelas, entidades públicas y privadas, se han dado a la tarea de elaborar
estos elementos y generar conciencia en sus comunidades, buscando así, que día
a día sean más las personas que unen esfuerzos a esta noble causa.
En sector de Brisas del Golf, actualmente se
encuentran tres puntos de acopio; hace unos días en la estación de Metromall se
encontraba Lizbeth González, en compañía de su hijo Moisés de tan solo 5 años. En
su testimonio ella hace referencia a que “Yo quedé impresionada al ver que
dentro de una botellita podía meter tantos cartuchos y empaques de comida y la
verdad me di cuenta de que podemos hacer muchas cosas buenas por el planeta. Las
botellitas las conocí en un programa de televisión, y me llamó mucho la
atención porque hablaban de construir casas”.
Moisés un poco tímido, hizo el comentario de que le gustaba ayudar a la mamá con la tarea de separar el material, limpiarlo e introducirlo en el recipiente. Lo bello de esta conversación con Lizbeth, es reconocer que desde el hogar y por medio del ejemplo, podemos establecer bases sólidas, para que los niños también se involucren en actividades relacionadas al cuidado y protección de esta bella casita, que la vida nos ha dado para disfrutarla responsablemente.
Así lucen los cubículos de recolección, que han sido ubicado en todo el territorio nacional, y al que se le unen entidades interesadas en apoyar las iniciativas ambientales. Este se encuentra en los estacionamientos del Supermercado Riba Smith, ubicado en Howard.
Todo es cuestión de interés
Hay un adagio popular que declara “cuidamos lo que queremos” y por medio de actividades simples como las mencionadas anteriormente, cada uno de nosotros puede aportar su granito de arena para mantener saludable nuestra madre Tierra. No es tarea fácil, pero si unimos esfuerzos, podemos lograr que el planeta que hoy disfrutamos, a futuro siga siendo habitable y que las generaciones venideras tengan total conciencia ambiental, para que no se repitan los errores que por años hemos cometido.
A los océanos no sólo debemos agradecerles por el alimento que nos suministra, las bellezas y animales que se encuentran en sus profundidades, o los hermosos paisajes dignos de fotografías; existen otros elementos importantes que debemos apreciar, como el hecho de que proveen entre el 50 y 70% del aire que respiramos, que absorben el exceso de calor provocado por las altas temperaturas y lo más importante, que permite que sigamos existiendo.
Por todo esto, es tan importante que nuestras aguas estén saludables; debemos optar por cambiar nuestros hábitos y juntos trabajar por preservar este planeta azul, que por millones de años ha sido albergue de tantas especies terrestres y marinas que aun la ciencia no ha terminado de descubrir, pero que corren el riesgo de extinguirse sin ni siquiera ser conocida por los humanos.
Somos casi ocho mil millones de personas que habitamos este bello planeta, no dudemos en actuar y trabajar de una manera individual y colectiva para que esos 8 millones de toneladas de plástico que terminan en los océanos anualmente, vayan desapareciendo de manera progresiva, sea porque se le da un segundo uso, o mejor aún, porque somos conscientes de que es algo perjudicial y no seguimos utilizándolo.
Informémonos, seamos observadores de los cambios que se dan en nuestro alrededor, preguntémonos si hacemos parte del problema y reflexionemos. En manos de nosotros está el futuro de generaciones que también tendrán la oportunidad de disfrutar todo lo que la naturaleza les ofrece, pero de una manera más responsable y armoniosa.










